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su libro, Chica fácil, Cristina Civale (Argentina,
1960), se hunde hasta el cuello en el amor de los '90. La
indolencia, la abulia, el tedio y algún otro condimento
acorde al estereotipo de fin de siglo adormece los vínculos
entre hombres y mujeres hasta el punto de evitar el sacudimiento
de la tragedia. Todo transcurre en sordina (incluidos la droga,
el sexo y el rock'n roll) y el desamparo no es sino la profecía
de este tiempo. De cama en cama y de fracaso en fracaso, la
protagonista sin nombre se deshace en abandonos: los que padece
y también los que provoca. Sin embargo, hay una paradoja.
El desdén que destila cada una de las historias no
hace sino reforzar el perfil romántico de la narradora,
para quien el chismorreo femenino se basa en el “intercambio
de hazañas sexuales y las desilusiones causadas por
la insistencia de creer en el amor”. Un vicio, este
último, que arrastra la mujer consigo, desde que el
mundo es mundo y la mujer, mujer.
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